jueves, 19 de febrero de 2026

CUIDADO CON LA TECNOLOGÍA SSC (SIN SENTIDO COMÚN)


No es que la tecnología sea mala.
Lo malo es el uso sin pausa; el uso sin causa.

Luego nos extraña que les cueste
mirar a los ojos, sostener una espera,
habitar el aburrimiento.

Cuando el móvil lo hace todo,
el niño aprende a no hacer nada.

No les generemos necesidades innecesarias,
urgencias inventadas.

Te pido que te quedes un ratito respirando con estas líneas entre las manos, como quien sostiene una taza caliente en invierno. Sí, la tecnología es herramienta, puente, ventana, pero también puede volverse muleta antes de tiempo, ruido de fondo, un “chupete digital” que tapa lo que incomoda: el silencio, la espera, la rabieta, el "estoy enfadado", el “no sé qué hacer”…

En la escuela y en casa lo vemos a diario. No es que nuestros alumnos e hijos no puedan atender, jugar, conversar o frustrarse; es que no les dejamos entrenar esos músculos invisibles. Les damos atajos para todo y el cerebro, que es muy listo, aprende el camino corto. Y el camino corto, cuando se convierte en costumbre, ya no es un camino; es una autopista que evita el esfuerzo, la curiosidad lenta, la pregunta que madura y profundiza.

La tecnología SSC (Sin Sentido Común) llega, muchas veces, sin hacer ruido. Entra en los hogares como un regalo para estar localizables; como una solución para que no se aburran; como un parche para que coman tranquilos; como una rendija por la que se cuela la trampa del apresuramiento. Llega cuando les damos un móvil antes de tiempo y con barra libre de Wifi, como quien entrega un coche con el depósito lleno a alguien que aún no ha aprendido a conducir. Llega cuando, como familias, nos quejamos porque en la escuela se usa un dispositivo digital con intención pedagógica para desarrollar la competencia digital, con acompañamiento, límites y sentido, pero al salir del aula les ponemos un móvil en la mano y les dejamos total libertad, sin semáforos, sin mapas y sin conversación. Llega cuando usamos la tecnología para distraer y no para aprender; cuando buscamos silencio y ofrecemos pantalla; cuando queremos calma rápida y regalamos estímulo continuo. Llega cuando dejamos que el algoritmo eduque en la sombra aquello a lo que no le dedicamos tiempo para educar en la luz. Llega cuando el dispositivo ocupa los huecos de la vida: el viaje en coche, la sala de espera, el rato antes de dormir, la comida, el paseo, el “me aburro", el “me siento solo”. Llega cuando lo digital sustituye lo vital.

¿Y qué provoca la tecnología SSC? Provoca, primero, una deuda silenciosa con lo humano. Si cada emoción difícil se tapa con un vídeo, el niño aprende a no transitarla. Si cada espera se rellena con scroll, aprende a no esperar. Si cada conversación se interrumpe por una notificación, aprende que la presencia es opcional. Si el aburrimiento se anestesia siempre, la creatividad no encuentra su puerta de entrada. Entonces, poco a poco, aparece ese cansancio raro: mucho estímulo y poca satisfacción; mucha pantalla y poca paz. A veces, se vuelve más difícil conciliar el sueño, sostener la atención, tolerar la frustración, regular la conducta, encontrar juego espontáneo, mirar a los ojos sin sentir que falta algo. Y no es porque la tecnología lo estropee todo, sino porque desplaza lo que construye: descanso, actividad física, juego libre, conversación, lectura reposada, vínculos, interacción cara a cara.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) llevan años insistiendo en algo que suena simple y, sin embargo, nos cuesta practicar: en la infancia, más que “tiempo de pantalla” necesitamos “tiempo de vida”: vida en movimiento, vida en relación, vida con rutinas que cuidan el sueño y con espacios para el jugar. (OMS, 2019; AAP, recomendaciones sobre uso de medios en infancia). No es demonizar, es priorizar aquello que debe ser prioritario para proteger cualquier infancia.

Pero lo que más me inquieta no es solo lo que provoca en ellos, es lo que revela de nosotros, ya que la tecnología SSC no llega sola: la traemos de la mano. La colamos cuando predicamos límites y vivimos sin ellos. Cuando decimos “mírame” con el móvil en la palma. Cuando pedimos escucha y respondemos mensajes mientras nos hablan. Cuando defendemos la lectura y nuestro pulgar no descansa. Cuando les solicitamos que se regulen, pero no nos ven regularnos. Hay una verdad pedagógica tan sencilla que a veces duele: nuestros alumnos e hijos aprenden menos de lo que decimos y más de lo que hacemos. Aprenden del ejemplo como se aprende un idioma: por inmersión. Y si el idioma de casa y de la escuela es la prisa, la inmediatez, la interrupción y la pantalla como refugio, eso es lo que incorporan sin que nadie se lo enseñe.

Por eso, quizá sí, a veces hay que quitar el móvil, no solo a los niños, también a los adultos. No como castigo, más bien como gesto de higiene emocional. Como quien abre ventanas. Como quien devuelve el silencio a su lugar. La atención es un regalo caro y, cuando la regalamos a la pantalla, se la estamos quitando a alguien. Y si algo está claro es que sin atención no se puede enseñar ni aprender.

Ahora bien, también existe la otra cara: la tecnología CSC (Con Sentido Común). La que me gusta. La CSC llega cuando la tecnología se usa como herramienta y no como niñera o como aparca niños. Cuando el dispositivo tiene un “para qué” claro, un tiempo acotado y una persona adulta cerca. Llega cuando en la escuela se usa para crear, investigar, comunicarse y aprender con criterio; cuando una tablet no es un sedante tecnológico, sino un cuaderno de exploración; cuando se hace una búsqueda guiada para contrastar fuentes, hablar de desinformación, practicar la ciudadanía digital y aprender a cuidar la huella que se deja; cuando se utiliza para apoyar la inclusión (lectura accesible, apoyos visuales, herramientas de comunicación); cuando se programa de manera sencilla para entender que la tecnología no solo se consume, también se construye. Llega cuando se trabaja la competencia digital como se trabaja la lectoescritura: paso a paso, con acompañamiento, con propósito, con mirada ética.

La tecnología CSC llega a los hogares cuando el móvil aparece en el momento adecuado y con normas comprensibles y coherentes y con un padre y/o madre disponibles. Llega cuando hay espacios sagrados sin pantallas: la mesa, el dormitorio, la conversación importante, el ratito antes de dormir; cuando el ejemplo sostiene el límite. Llega cuando se pacta un plan familiar de uso: horarios, contenidos, lugares, tiempos de descanso y, sobre todo, una idea importante de fondo: la tecnología no nos manda, nos sirve. Llega cuando jugamos con ellos sin necesidad de grabarlo todo, cuando salimos al parque sin el piloto automático del móvil, cuando decimos “ahora lo dejo” y lo dejamos de verdad. Llega cuando usamos la tecnología para aprender juntos: un tutorial para construir algo con las manos, un audio para escuchar un cuento, una videollamada con los abuelos, una foto para documentar un proyecto… y luego el móvil vuelve a su sitio, como vuelve el martillo a la caja de herramientas después de clavar la punta que le tocaba clavar. Llega cuando sabemos que su infancia se va si un móvil, antes de tiempo, les das.

Me gustaría que nos lleváramos una idea sencilla y exigente: no se trata de quitar la tecnología; se trata de devolverla a su sitio.

Que sea herramienta y no muleta.
Que sume vida y no la devore.
Que acompañe y no gobierne.

Y que nuestros alumnos e hijos aprendan, desde pequeños,
que la vida florece en todo su esplendor cuando la pantalla está en off.

Eso sí, seamos honestos: pedimos mucho y estamos dando poco; pedimos a la infancia una autorregulación que el mundo adulto no muestra. Y es aquí donde aparece otra tarea educativa urgente: enseñar y enseñarnos a habitar el mundo digital sin que él nos habite a nosotros; enseñar y enseñarnos a distinguir: 
uso de abuso; 
herramienta de dependencia; 
conexión de sustitución.

Me gustaría que, al leer esto, no nos quedemos en la culpa. La culpa paraliza. Podemos defender que en el aula se use la tecnología con sentido pedagógico y, a la vez, proteger a la infancia de la hiperconexión temprana a la que la sociedad nos empuja. Podemos recuperar el aburrimiento como gimnasio creativo y la espera como entrenamiento de la paciencia.

En muchas ocasiones, imagino que la tecnología es fuego.
Calienta si la ponemos en un lugar controlado y adecuado;
en cambio, quema si la dejamos suelta.

martes, 3 de febrero de 2026

CUANDO UNA BALLENA MUERE...


Cuando una ballena muere, no desaparece. Comienza algo increíble. Su cuerpo, inmenso y majestuoso, no se queda flotando para siempre. Se hunde, lento, sigiloso, como si se despidiera del mundo. A esto se le llama “caída de ballena”.

Y aunque parezca el final, es apenas el principio. Allá abajo, en las profundidades donde casi no llega la luz, ese cuerpo se convierte en un refugio. Durante décadas, alimenta a cientos de especies: tiburones, peces, gusanos, cangrejos… Una sola ballena se transforma en un ecosistema completo.

De su muerte, nace abundancia.

De su silencio, brota vida.

Y eso no es todo. Durante toda su existencia, una ballena capta carbono del aire. Y cuando fallece, ese carbono se va con ella al fondo del mar, donde puede permanecer siglos. Así que, incluso después de dejar de existir, después de partir, sigue protegiendo el planeta.

Y mientras vive canta. No con palabras, sino con sonidos que pueden viajar miles de kilómetros bajo el agua. Las madres le cantan a sus crías. Algunos grupos cantan en memoria de quienes ya no están. Otros esperan el regreso de los que se quedaron atrás. No solo se comunican, se conectan.

¿Sabías que el corazón de una ballena azul es del tamaño de un coche Volkswagen Beetle?

Y que cuando bucea a las zonas más profundas, solo late dos veces por minuto, como si dijera: Ve despacio. Respira hondo. Sigue con calma.

Antes, los marineros pensaban que eran monstruos. Hoy sabemos la verdad:

Son guardianas del océano.

Maestras tranquilas.

Gigantes que no hacen ruido,

pero que cambian el mundo.

Y así como ellas, hay personas que, aunque ya no están, dejaron tanto amor que su presencia se sigue sintiendo. Personas que, con sus actos, con su entrega, con su forma de vivir, continúan tocando corazones mucho tiempo después de haberse ido o únicamente alejado.

Cuando una ballena muere, no desaparece, se transforma en algo más grande. Y a eso también puedes aspirar tú.

Maestro, maestra, padre, madre,

¿quieres ser un simple recuerdo o realmente quieres convertirte en un legado?

domingo, 4 de enero de 2026

LA TEORÍA DE LAS 8 TES

Texto escrito con IN (Inteligencia Natural) - Imagen generada con IA (Inteligencia Artificial)

He escrito este post escuchando "Santiago" de Ludovico Einaudi. Os recomiendo leerlo con ella de fondo.


Las 8 Tes son estas: Todos Tenemos Talentos Tremendos y Todos Tenemos Taras También.

Somos luz y sombra, 
claridad y niebla, 
fuerza que impulsa 
y carga que pesa.

Cada niño (y cada adulto) porta una mochila doble:

- Talentos que esperan ser vistos.

- Taras (dificultades) que piden comprensión y acompañamiento.

Lo más importante es darnos cuenta de que avanzamos a pesar de las taras y de que, muchas veces, avanzamos gracias a ellas, porque nos obligan a aprender, a insistir, a pedir ayuda, a conocernos, a regularnos, a crecer. No se trata de esconderlas, se trata de reconocerlas, aceptarlas y progresar desde lo que nos aportan. Los grandes avances personales, las conquistas internas, los descubrimientos más profundos no siempre nacen de lo que nos sale bien; nacen de lo que nos duele, nos cuesta o nos limita. La neurociencia nos lo recuerda: el cerebro humano se moldea con la experiencia y son precisamente los desafíos y los errores los que más fortalecen las conexiones neuronales (Dweck, 2006). Aceptar la imperfección no es conformarse, es crecer desde la realidad.

El talento es aquello que a nuestros alumnos se les da bien. Aquello que les enciende. Aquello que hacen con una naturalidad que a veces ni ellos valoran. Eso sí, hemos de saber que el talento no siempre grita. A veces susurra. Y necesita un adulto que se agache a escucharlo.

La tara es aquello que les cuesta. Aquello que les bloquea. Aquello que les hace saltar, huir, apagarse o ponerse una armadura. Las taras no son una condena, son un punto de partida. Un “aquí necesito a alguien”.

Cuando solo vemos talentos, exigimos.
Cuando solo vemos taras, reducimos.
Pero cuando vemos talentos y taras,
hacemos lo que de verdad cambia vidas:
acompañamos.

Descubrir ambas cosas es clave para ayudar a nuestros alumnos a desarrollar sus posibilidades personales, intelectuales, sociales y morales. Para ello, hemos de tener clara la inmensidad del verbo educar.

Educar no es solo enseñar contenidos;
educar es hacer de cada Rodrigo el mejor Rodrigo que Rodrigo pueda ser;
educar es apoyar a Juncal para que se convierta en la mejor Juncal de todas las Juncales posibles;
educar es ayudar a los alumnos a poner nombre a sus sombras
y a descubrir que las sombras no apagan la luz, que solo la hacen más visible;
educar es ayudar a mirar hacia dentro;
educar es mostrar que no hace falta ser perfecto para ser valioso;
educar es enseñar a volar, incluso con piedras en los bolsillos;
educar es enseñar a ser, no solo a saber.

Y para que un niño pueda llegar a ser, hay algo que necesita con urgencia y que no se mide con exámenes:

Alcanzar un alto grado de IQ.

No hablo en este caso del Intelligence Quotient (Cociente Intelectual), hablo de sentirse Importante y Querido.

Un niño que se siente importante se atreve.
Un niño que se siente querido lo intenta.
Un niño que se siente Importante y Querido aprende mejor,
se equivoca sin miedo y crece con raíces.

Por eso, al final, todo vuelve a lo esencial: debemos sentir amor por lo que hacemos, pero, sobre todo, amor por las personas con las que hacemos lo que hacemos. Sin amor no hay aprendizaje. Y sin relaciones humanas profundas, no hay escuela que valga la pena.

¿Y qué pasa cuando conocemos sus talentos y sus taras?

Pasa mucho. Pasa que la mirada se afina, el trato se personaliza, el vínculo se fortalece y la enseñanza se humaniza. Pasa que dejamos de hablar de alumnos ideales para mirar, de verdad, a los alumnos reales. Y entonces, florecen porque todos, absolutamente todos, tienen algo que los hace extraordinarios y algo que los hace vulnerables.

Cuando aceptamos nuestras taras, nuestros talentos se sienten en casa.

Recuerda:

A nadie se le da todo bien, pero a todos se nos da bien algo. 
Descubrámoslo y potenciémoslo.

- - - - - - - -

¿Quieres llevar la teoría de las 8 Tes a la práctica? 
Visita el post que he publicado en mi web Ayuda para maestros:


* Post dedicado a mi buen amigo y gran profesional Ramón Barrera. 
De su boca escuche, en algún congreso compartido, las primeras 4 tes 
 (Todos Tenemos Talentos Tremendos). 

martes, 9 de diciembre de 2025

LA PEDAGOGÍA DE LAS LUCIÉRNAGAS - EDUCAR CON LUZ PROPIA RESPETANDO LA LUMINISCENCIA DE CADA NIÑO


Os recomiendo leer este post como yo lo he escrito, escuchando "Saturn" de Sleeping At Last:


Pretendemos uniformar lo diverso,
acelerar lo pausado,
encajar lo desbordante.

Pretendemos silenciar lo ruidoso,
domesticar lo creativo,
corregir lo diferente.

Pretendemos simplificar lo complejo,
encadenar lo vivo,
medir lo inconmensurable.

Pretendemos encorsetar los sueños,
controlar lo incontrolable,
cronometrar lo imprevisible,
apresar lo libre.

Pretendemos que todos aprendan lo mismo,
del mismo modo, al mismo ritmo
y al mismo tiempo.

Pretendemos moldear la infancia
como si fuera arcilla idéntica 
en manos idénticas.

Pretendemos que las sonrisas tengan la misma forma
y que los futuros se aten al presente.

Pretendemos que las preguntas se repitan sin salirse del renglón
 y que el ruido oculte lo que incomoda.

 Pretendemos que pinten dentro de las líneas
y que lo habitual se disfrace de normalidad.

Pretendemos tapar la lluvia con un dedo,
domar el viento,
poner candados a las estrellas 
y cerrojos al campo.

Pretendemos que los niños crezcan rectos
como varillas de acero,
obviando que son ramas vivas,
que necesitan curvas, nudos y hojas
para llegar a ser el árbol que llevan dentro,
para llegar a ser el árbol que son.


DEBERÍAMOS
celebrar lo diverso,
acompañar lo pausado,
alimentar lo creativo,
escuchar lo distinto,
dar tiempo al tiempo,
respetar los silencios,
 valorar el proceso,
respaldar cada paso,
dar voz a lo callado,
dejar volar la imaginación, 
atesorar los pequeños gestos,
dejar espacio para el juego,
nutrir cada talento, 
abrir caminos.

DEBERÍAMOS
ensanchar lo desbordante,
proteger lo libre,
confiar en lo imprevisible,
reconocer cada avance,
abrigar lo vulnerable,
iluminar lo invisible,
regar las raíces,

DEBERÍAMOS
coser alas,
sembrar esperanza,
festejar las preguntas,
enseñar a mirar,
cultivar confianza,
acoger con ternura, 
sostener lo que se tambalea,
avivar la curiosidad,
apreciar la singularidad,
admirar la diferencia,
atender con paciencia, 
demorar la prisa.

DEBERÍAMOS
convertirnos en luciérnagas,
encender horizontes,
irradiar luz.

Y recordar que cada niño
es un milagro irrepetible
que merece crecer a su manera,
con su propia voz,
con su propio tiempo,
con la luminiscencia que lo habita.


Educar no es trazar caminos rectilíneos,
es viajar de este pretendemos a este deberíamos;
es aprender a bailar con los vaivenes de la vida;
es confiar en que cada niño trae consigo una chispa,
un destello irrepetible que merece ser cuidado;
es dejar que cada cual encienda, a su modo,
una estrella en el cielo,
su estrella.

martes, 18 de noviembre de 2025

PODCAST "EDUCACIÓN EN CRUDO" - PRIMER CAPÍTULO CON MANU VELASCO


Ha sido todo un regalo formar parte de este fantástico proyecto llamado "Educación en crudo". 

¡Ya disponible en todas las plataformas! Puedes verlo directamente dándole al "play" o aquí.

martes, 11 de noviembre de 2025

PROGRAMA TV "CARAVANA EDUCATIVA" EN LEÓN CON MANU VELASCO

He tenido la gran suerte de participar con mis alumnos en el programa "Caravana educativa" que se ha emitido en La 2 de Televisión Española. ¡¡Gracias!!


Sinopsis:

Sara conduce “Caravana Educativa” rumbo a León para encontrarse con el profesor Manuel Velasco, conocido en redes como @manuvelascorodriguez. En este viaje, el profesor trabajará la poesía, una potente herramienta para que las niñas y los niños expresen sus sentimientos más profundos. Empezarán con juegos de palabras, analizarán sustantivos, crearán historias con dos palabras al azar e inventarán nuevos vocablos. El siguiente taller será un juego de rimar objetos. Tras estos pasos ya están listos para crear sus primeros poemas. Varios voluntarios se atreven a recitarlos. Y deciden regalar sus poesías a la gente que está por la Catedral. Aprender a hablar en público es vital y realizan una técnica para no estar nerviosos ante esta situación. Terminan poniendo en práctica todo lo aprendido en un recital con público. Los talleres finalizan con un invitado muy especial, Jorge Ruiz, el cantante de Maldita Nerea, tras una charla sobre música y poesía, todos cantan la canción de “inevitable”.

lunes, 13 de octubre de 2025

NO ES UN MÓVIL LO QUE LE REGALAS... ES MUCHO MÁS


A cualquier padre o madre:

Crees que le regalas un teléfono móvil a tu hijo, pero, en realidad, 
le estás regalando tu hijo, y su infancia, al teléfono móvil.

Las palabras son pequeñas llaves que abren grandes puertas. Y esta frase, que no es solo una advertencia, sino una invitación a mirar más allá de la pantalla, abre una puerta urgente: la de la infancia que se va diluyendo entre notificaciones, algoritmos y pantallas encendidas a todas horas y en todos lados. Porque sí, el móvil llega envuelto en una caja, pero también en una trampa. Una que no se ve a simple vista, pero que atrapa sin avisar.

La infancia es ese lugar mágico donde el tiempo no se debería medir en likes y sí en charcos, juegos inventados y risas verdaderas. Es un lugar que necesita aire libre, juegos en las calle, tierra en las manos, cabañas en los árboles, silencio para aburrirse y palabras para contarse. Cuando el móvil entra demasiado pronto, la infancia comienza a irse de puntillas, como si no quisiera molestar. Sucede lo que ya comenté en otro post publicado en este blog: "Su infancia se va si un móvil, antes de tiempo, les das".

Cuando regalamos un teléfono móvil, muchas veces creemos que estamos dando autonomía, pero olvidamos que la autonomía no se mide por la capacidad de desbloquear una pantalla; se mide por la capacidad de discernir, de elegir con criterio, de decir “no” cuando todos dicen “sí”. Y eso, ningún móvil lo enseña.

Los estudios son claros. Según la Sociedad Española de Pediatría, el uso excesivo de pantallas en edades tempranas se asocia con problemas de atención, dificultades en el sueño, aumento de la ansiedad y reducción de la empatía. El móvil no es neutro. Educa, moldea, transforma... incluso cuando creemos que no hace nada. Y lo más peligroso no es el contenido, es el tiempo que roba. Cada minuto en la pantalla es un minuto que no vuelve: de conversación, de aburrimiento creativo, de juego espontáneo, de mirada compartida. Es un trueque silencioso: infancia a cambio de entretenimiento inmediato.

Nos toca como familias tomar decisiones incómodas, valientes y conscientes. Nos toca no solo mirar, sino ver. Nos toca proteger la infancia, sus infancias.

Acompañar en lugar de delegar.
Supervisar en lugar de suponer.
Escuchar más y juzgar menos.
Mirar más allá del “todos lo tienen”
y preguntarnos: ¿qué necesita realmente mi hijo?

No necesitan una pantalla en sus manos; necesiten una mano que los sostenga y los acompañe mientras crecen. No necesitan guasapear sin parar y navegar a la deriva por Internet; te necesitan a ti.

No se trata de demonizar la tecnología, abogo más por humanizarla. Creo en la absoluta necesidad de poner límites no para prohibir, sino para proteger. De recordar que el cerebro de un niño necesita experiencias reales antes que estímulos virtuales. Que necesita presencia antes que pantallas. Juego libre antes que apps. Que a la alta tecnología ha de llegarse después de haber transitado y disfrutado de la baja tecnología. Que en la era de la IA (Inteligencia Artificial) hay que educar con IN (Inteligencia Natural). Un niño no necesita un móvil para ser feliz. Necesita infancia. Y la infancia no se descarga, no se actualiza... se vive. 

Acompañemos sin miedo, pero con criterio. Pongamos palabras donde otros ponen silencio. Demos tiempo en lugar de cosas innecesarias. Cuando regalamos un móvil demasiado pronto, no estamos regalando un simple aparato. Estamos cediendo un territorio que no se debería negociar: el territorio sagrado de crecer despacio a la velocidad de un abrazo.

Nos toca decidir con conciencia cuándo, cómo y para qué entra el móvil en la vida de nuestros hijos. No lo hagamos por presión, ni por moda, ni por miedo. Hagámoslo desde el amor y la responsabilidad. Hagámoslo cuando realmente estén preparados para ello, nunca antes de tiempo. Educar también es saber decir “aún no”. Y cuando ese momento llegue, no será el móvil quien les acompañe, seremos nosotros, paso a paso, mirada a mirada para que aprendan a utilizar la tecnología con criterio y no sea la tecnología quien los utilice a ellos.

Que la luz que ilumine, encienda y haga brillar el rostro 
de vuestros hijos sea la vuestra, no la de una pantalla. 

Y recuerda, la infancia no se regala. Se cuida. Se cultiva. Se celebra. Se PROTEGE.

jueves, 9 de octubre de 2025

OS PRESENTO MI NUEVO LIBRO: SOÑANDO ESCUELAS


¡¡Ya puedes conseguirlo en cualquier librería o en plataformas online!!

El corazón se construye con recuerdos: miradas, palabras, gestos y sueños compartidos en una escuela que deja huella. Somos lo que vivimos junto a otros, lo que despertamos y lo que otros despiertan en nosotros. Soñar e imaginar una escuela diferente es una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo.

“Soñando escuelas” explora la vida auténtica de las aulas: lo que sienten, aprenden y comparten quienes han pasado y pasan por ellas -alumnos, docentes, familias y todo el equipo humano que sostiene la escuela día a día-. Ese un lugar donde cada niño cuenta, donde la emoción y el cuidado lo sostienen todo. Manu Velasco, maestro con una larga trayectoria y el reconocimiento de toda la comunidad educativa, propone mirar la educación con ojos nuevos: escuchar más, acompañar mejor y poner el corazón en el centro. Con pasión, compromiso y plena confianza en la fuerza de cada alumno.

domingo, 5 de octubre de 2025

SER MAESTRA, SER MAESTRO ES...

                   

Ser maestra es ser
puerta abierta,
ventana que inspira,
puente que sostiene
y faro que orienta.

Ser maestro es ser
raíz que aferra,
ala que impulsa,
brújula que guía
y chispa que prende.

Ser maestra es ser
camino que acompaña,
silencio que escucha,
abrazo que cobija
y palabra que despierta.

Ser maestro es ser
fuego que enciende
latido que anima,
semilla que germina,
y huella que perdura.

Ser maestra es ser
horizonte que se expande,
lluvia que refresca,
refugio que acoge
y luz que ilumina.

Ser maestro es ser
puerta, ventana, puente, faro,
raíz, ala, brújula, chispa,
camino, silencio, abrazo, palabra,
fuego, latido, semilla, huella,
horizonte, lluvia, refugio y luz,

pero, sobre todo,
ser maestra es estar;
estar presente cada día,
creer en quien aprende
y convertir lo invisible en posible.

martes, 26 de agosto de 2025

TPM PARA TPT: TIEMPO PARA MÍ PARA PODER OFRECER UN MEJOR TIEMPO PARA TI


En el inicio de curso solemos llenar la mochila de planificaciones, programaciones, reuniones, evaluaciones iniciales, decenas de tareas que parecen urgentes y prisas, muchas prisas. Queremos dar lo mejor a nuestros alumnos, a las familias, a los compañeros y al colegio entero… Y en ese afán, muchas veces, olvidamos lo esencial: 

Nadie puede cuidar si no se cuida; nadie puede dar si no se da un respiro primero.

Dedicarte tiempo no es un acto de egoísmo, es un acto de responsabilidad. Es el primer paso para poder estar disponible, atento, presente y con energía con quienes más nos necesitan. Un maestro agotado enseña menos, acompaña peor y escucha a medias. Un maestro que se cuida, en cambio, transmite serenidad, inspira confianza, se convierte en un faro para sus alumnos y ofrece la mejor tecnología que ellos necesitan, el mejor PC que podrán tener: Presencia de Calidad.

Porque solo desde tu TPM (Tiempo para mí) podrás ofrecer tu mejor TPT (Tiempo para ti).
 TPM para TPT.

No se trata de buscar grandes huecos imposibles, sino de cultivar pequeños espacios de calma a lo largo de la semana:

* Ese café sin prisa que nos recuerda que el día no es solo correr.

* Ese libro que nos regala otras vidas y nos da palabras nuevas.

* Ese paseo que nos reconcilia con el silencio y el aire limpio.

* Esa conversación con alguien que nos nutre de verdad.

* Ese "esa" o ese "ese" que todos necesitamos, 
que tanto bien nos hace y que a menudo nos olvidamos.

Cuando cargamos nuestra batería interior, cuando nos regalamos tiempo, también regalamos presencia y lo mejor de nosotros mismos a quien nos rodea. Nuestros alumnos no necesitan un maestro perfecto, necesitan al maestro adecuado, un maestro humano, con energía para escuchar, paciencia para acompañar y corazón y cerebro para enseñar.

Este curso, te animo a que te hagas un simple regalo y que, si es necesario, ¡lo agendes!: 

TPM (tiempo para mí).

Es justo ahí, en ese encuentro entre tu bienestar y el de los demás, donde nace la verdadera educación.