domingo, 4 de enero de 2026

LA TEORÍA DE LAS 8 TES

Texto escrito con IN (Inteligencia Natural) - Imagen generada con IA (Inteligencia Artificial)

He escrito este post escuchando "Santiago" de Ludovico Einaudi. Os recomiendo leerlo con ella de fondo.


Las 8 Tes son estas: Todos Tenemos Talentos Tremendos y Todos Tenemos Taras También.

Somos luz y sombra, 
claridad y niebla, 
fuerza que impulsa 
y carga que pesa.

Cada niño (y cada adulto) porta una mochila doble:

- Talentos que esperan ser vistos.

- Taras (dificultades) que piden comprensión y acompañamiento.

Lo más importante es darnos cuenta de que avanzamos a pesar de las taras y de que, muchas veces, avanzamos gracias a ellas, porque nos obligan a aprender, a insistir, a pedir ayuda, a conocernos, a regularnos, a crecer. No se trata de esconderlas, se trata de reconocerlas, aceptarlas y progresar desde lo que nos aportan. Los grandes avances personales, las conquistas internas, los descubrimientos más profundos, no siempre nacen de lo que nos sale bien; nacen de lo que nos duele, nos cuesta o nos limita. La neurociencia nos lo recuerda: el cerebro humano se moldea con la experiencia y son precisamente los desafíos y los errores los que más fortalecen las conexiones neuronales (Dweck, 2006). Aceptar la imperfección no es conformarse, es crecer desde la realidad.

El talento es aquello que a nuestros alumnos se les da bien. Aquello que les enciende. Aquello que hacen con una naturalidad que a veces ni ellos valoran. Eso sí, hemos de saber que el talento no siempre grita. A veces susurra. Y necesita un adulto que se agache a escucharlo.

La tara es aquello que les cuesta. Aquello que les bloquea. Aquello que les hace saltar, huir, apagarse o ponerse una armadura. Las taras no son una condena, son un punto de partida. Un “aquí necesito a alguien”.

Cuando solo vemos talentos, exigimos.
Cuando solo vemos taras, reducimos.
Pero cuando vemos talentos y taras,
hacemos lo que de verdad cambia vidas:
acompañamos.

Descubrir ambas cosas es clave para ayudar a nuestros alumnos a desarrollar sus posibilidades personales, intelectuales, sociales y morales. Para ello, hemos de tener clara la inmensidad del verbo educar.

Educar no es solo enseñar contenidos;
educar es hacer de cada Rodrigo el mejor Rodrigo que Rodrigo pueda ser;
educar es apoyar a Juncal para que se convierta en la mejor Juncal de todas las Juncales posibles;
educar es ayudar a los alumnos a poner nombre a sus sombras
y a descubrir que las sombras no apagan la luz, que solo la hacen más visible;
educar es ayudar a mirar hacia dentro;
educar es mostrar que no hace falta ser perfecto para ser valioso;
educar es enseñar a volar, incluso con piedras en los bolsillos;
educar es enseñar a ser, no solo a saber.

Y para que un niño pueda llegar a ser, hay algo que necesita con urgencia y que no se mide con exámenes:

Alcanzar un alto grado de IQ.

No hablo en este caso del Intelligence Quotient (Cociente Intelectual), hablo de sentirse Importante y Querido.

Un niño que se siente importante se atreve.
Un niño que se siente querido lo intenta.
Un niño que se siente Importante y Querido aprende mejor,
se equivoca sin miedo y crece con raíces.

Por eso, al final, todo vuelve a lo esencial: debemos sentir amor por lo que hacemos, pero sobre todo, amor por las personas con las que hacemos lo que hacemos. Sin amor no hay aprendizaje. Y sin relaciones humanas profundas, no hay escuela que valga la pena.

¿Y qué pasa cuando conocemos sus talentos y sus taras?

Pasa mucho. Pasa que la mirada se afina, el trato se personaliza, el vínculo se fortalece y la enseñanza se humaniza. Pasa que dejamos de hablar de alumnos ideales para mirar, de verdad, a los alumnos reales. Y entonces, florecen porque todos, absolutamente todos, tienen algo que los hace extraordinarios y algo que los hace vulnerables.

Cuando aceptamos nuestras taras, nuestros talentos se sienten en casa.

Recuerda:

A nadie se le da todo bien, pero a todos se nos da bien algo. 
Descubrámoslo y potenciémoslo.

martes, 9 de diciembre de 2025

LA PEDAGOGÍA DE LAS LUCIÉRNAGAS - EDUCAR CON LUZ PROPIA RESPETANDO LA LUMINISCENCIA DE CADA NIÑO


Os recomiendo leer este post como yo lo he escrito, escuchando "Saturn" de Sleeping At Last:


Pretendemos uniformar lo diverso,
acelerar lo pausado,
encajar lo desbordante.

Pretendemos silenciar lo ruidoso,
domesticar lo creativo,
corregir lo diferente.

Pretendemos simplificar lo complejo,
encadenar lo vivo,
medir lo inconmensurable.

Pretendemos encorsetar los sueños,
controlar lo incontrolable,
cronometrar lo imprevisible,
apresar lo libre.

Pretendemos que todos aprendan lo mismo,
del mismo modo, al mismo ritmo
y al mismo tiempo.

Pretendemos moldear la infancia
como si fuera arcilla idéntica 
en manos idénticas.

Pretendemos que las sonrisas tengan la misma forma
y que los futuros se aten al presente.

Pretendemos que las preguntas se repitan sin salirse del renglón
 y que el ruido oculte lo que incomoda.

 Pretendemos que pinten dentro de las líneas
y que lo habitual se disfrace de normalidad.

Pretendemos tapar la lluvia con un dedo,
domar el viento,
poner candados a las estrellas 
y cerrojos al campo.

Pretendemos que los niños crezcan rectos
como varillas de acero,
olvidando que son ramas vivas,
que necesitan curvas, nudos y hojas
para llegar a ser el árbol que llevan dentro,
para llegar a ser el árbol que son.


DEBERÍAMOS
celebrar lo diverso,
acompañar lo pausado,
alimentar lo creativo,
escuchar lo distinto,
dar tiempo al tiempo,
respetar los silencios,
 valorar el proceso,
respaldar cada paso,
dar voz a lo callado,
dejar volar la imaginación, 
atesorar los pequeños gestos,
dejar espacio para el juego,
nutrir cada talento, 
abrir caminos.

DEBERÍAMOS
ensanchar lo desbordante,
proteger lo libre,
confiar en lo imprevisible,
reconocer cada avance,
abrigar lo vulnerable,
iluminar lo invisible,
regar las raíces,

DEBERÍAMOS
coser alas,
sembrar esperanza,
festejar las preguntas,
enseñar a mirar,
cultivar confianza,
acoger con ternura, 
sostener lo que se tambalea,
avivar la curiosidad,
apreciar la singularidad,
admirar la diferencia,
atender con paciencia, 
demorar la prisa.

DEBERÍAMOS
convertirnos en luciérnagas,
encender horizontes,
irradiar luz.

Y recordar que cada niño
es un milagro irrepetible
que merece crecer a su manera,
con su propia voz,
con su propio tiempo,
con la luminiscencia que lo habita.


Educar no es trazar caminos rectilíneos,
es viajar de este pretendemos a este deberíamos;
es aprender a bailar con los vaivenes de la vida;
es confiar en que cada niño trae consigo una chispa,
un destello irrepetible que merece ser cuidado;
es dejar que cada cual encienda, a su modo,
una estrella en el cielo,
su estrella.

martes, 18 de noviembre de 2025

PODCAST "EDUCACIÓN EN CRUDO" - PRIMER CAPÍTULO CON MANU VELASCO


Ha sido todo un regalo formar parte de este fantástico proyecto llamado "Educación en crudo". 

¡Ya disponible en todas las plataformas! Puedes verlo directamente dándole al "play" o aquí.

martes, 11 de noviembre de 2025

PROGRAMA TV "CARAVANA EDUCATIVA" EN LEÓN CON MANU VELASCO

He tenido la gran suerte de participar con mis alumnos en el programa "Caravana educativa" que se ha emitido en La 2 de Televisión Española. ¡¡Gracias!!


Sinopsis:

Sara conduce “Caravana Educativa” rumbo a León para encontrarse con el profesor Manuel Velasco, conocido en redes como @manuvelascorodriguez. En este viaje, el profesor trabajará la poesía, una potente herramienta para que las niñas y los niños expresen sus sentimientos más profundos. Empezarán con juegos de palabras, analizarán sustantivos, crearán historias con dos palabras al azar e inventarán nuevos vocablos. El siguiente taller será un juego de rimar objetos. Tras estos pasos ya están listos para crear sus primeros poemas. Varios voluntarios se atreven a recitarlos. Y deciden regalar sus poesías a la gente que está por la Catedral. Aprender a hablar en público es vital y realizan una técnica para no estar nerviosos ante esta situación. Terminan poniendo en práctica todo lo aprendido en un recital con público. Los talleres finalizan con un invitado muy especial, Jorge Ruiz, el cantante de Maldita Nerea, tras una charla sobre música y poesía, todos cantan la canción de “inevitable”.

lunes, 13 de octubre de 2025

NO ES UN MÓVIL LO QUE LE REGALAS... ES MUCHO MÁS


A cualquier padre o madre:

Crees que le regalas un teléfono móvil a tu hijo, pero, en realidad, 
le estás regalando tu hijo, y su infancia, al teléfono móvil.

Las palabras son pequeñas llaves que abren grandes puertas. Y esta frase, que no es solo una advertencia, sino una invitación a mirar más allá de la pantalla, abre una puerta urgente: la de la infancia que se va diluyendo entre notificaciones, algoritmos y pantallas encendidas a todas horas y en todos lados. Porque sí, el móvil llega envuelto en una caja, pero también en una trampa. Una que no se ve a simple vista, pero que atrapa sin avisar.

La infancia es ese lugar mágico donde el tiempo no se debería medir en likes y sí en charcos, juegos inventados y risas verdaderas. Es un lugar que necesita aire libre, juegos en las calle, tierra en las manos, cabañas en los árboles, silencio para aburrirse y palabras para contarse. Cuando el móvil entra demasiado pronto, la infancia comienza a irse de puntillas, como si no quisiera molestar. Sucede lo que ya comenté en otro post publicado en este blog: "Su infancia se va si un móvil, antes de tiempo, les das".

Cuando regalamos un teléfono móvil, muchas veces creemos que estamos dando autonomía, pero olvidamos que la autonomía no se mide por la capacidad de desbloquear una pantalla; se mide por la capacidad de discernir, de elegir con criterio, de decir “no” cuando todos dicen “sí”. Y eso, ningún móvil lo enseña.

Los estudios son claros. Según la Sociedad Española de Pediatría, el uso excesivo de pantallas en edades tempranas se asocia con problemas de atención, dificultades en el sueño, aumento de la ansiedad y reducción de la empatía. El móvil no es neutro. Educa, moldea, transforma... incluso cuando creemos que no hace nada. Y lo más peligroso no es el contenido, es el tiempo que roba. Cada minuto en la pantalla es un minuto que no vuelve: de conversación, de aburrimiento creativo, de juego espontáneo, de mirada compartida. Es un trueque silencioso: infancia a cambio de entretenimiento inmediato.

Nos toca como familias tomar decisiones incómodas, valientes y conscientes. Nos toca no solo mirar, sino ver. Nos toca proteger la infancia, sus infancias.

Acompañar en lugar de delegar.
Supervisar en lugar de suponer.
Escuchar más y juzgar menos.
Mirar más allá del “todos lo tienen”
y preguntarnos: ¿qué necesita realmente mi hijo?

No necesitan una pantalla en sus manos; necesiten una mano que los sostenga y los acompañe mientras crecen. No necesitan guasapear sin parar y navegar a la deriva por Internet; te necesitan a ti.

No se trata de demonizar la tecnología, abogo más por humanizarla. Creo en la absoluta necesidad de poner límites no para prohibir, sino para proteger. De recordar que el cerebro de un niño necesita experiencias reales antes que estímulos virtuales. Que necesita presencia antes que pantallas. Juego libre antes que apps. Que a la alta tecnología ha de llegarse después de haber transitado y disfrutado de la baja tecnología. Que en la era de la IA (Inteligencia Artificial) hay que educar con IN (Inteligencia Natural). Un niño no necesita un móvil para ser feliz. Necesita infancia. Y la infancia no se descarga, no se actualiza... se vive. 

Acompañemos sin miedo, pero con criterio. Pongamos palabras donde otros ponen silencio. Demos tiempo en lugar de cosas innecesarias. Cuando regalamos un móvil demasiado pronto, no estamos regalando un simple aparato. Estamos cediendo un territorio que no se debería negociar: el territorio sagrado de crecer despacio a la velocidad de un abrazo.

Nos toca decidir con conciencia cuándo, cómo y para qué entra el móvil en la vida de nuestros hijos. No lo hagamos por presión, ni por moda, ni por miedo. Hagámoslo desde el amor y la responsabilidad. Hagámoslo cuando realmente estén preparados para ello, nunca antes de tiempo. Educar también es saber decir “aún no”. Y cuando ese momento llegue, no será el móvil quien les acompañe, seremos nosotros, paso a paso, mirada a mirada para que aprendan a utilizar la tecnología con criterio y no sea la tecnología quien los utilice a ellos.

Que la luz que ilumine, encienda y haga brillar el rostro 
de vuestros hijos sea la vuestra, no la de una pantalla. 

Y recuerda, la infancia no se regala. Se cuida. Se cultiva. Se celebra. Se PROTEGE.

jueves, 9 de octubre de 2025

OS PRESENTO MI NUEVO LIBRO: SOÑANDO ESCUELAS


¡¡Ya puedes conseguirlo en cualquier librería o en plataformas online!!

El corazón se construye con recuerdos: miradas, palabras, gestos y sueños compartidos en una escuela que deja huella. Somos lo que vivimos junto a otros, lo que despertamos y lo que otros despiertan en nosotros. Soñar e imaginar una escuela diferente es una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo.

“Soñando escuelas” explora la vida auténtica de las aulas: lo que sienten, aprenden y comparten quienes han pasado y pasan por ellas -alumnos, docentes, familias y todo el equipo humano que sostiene la escuela día a día-. Ese un lugar donde cada niño cuenta, donde la emoción y el cuidado lo sostienen todo. Manu Velasco, maestro con una larga trayectoria y el reconocimiento de toda la comunidad educativa, propone mirar la educación con ojos nuevos: escuchar más, acompañar mejor y poner el corazón en el centro. Con pasión, compromiso y plena confianza en la fuerza de cada alumno.

domingo, 5 de octubre de 2025

SER MAESTRA, SER MAESTRO ES...

                   

Ser maestra es ser
puerta abierta,
ventana que inspira,
puente que sostiene
y faro que orienta.

Ser maestro es ser
raíz que aferra,
ala que impulsa,
brújula que guía
y chispa que prende.

Ser maestra es ser
camino que acompaña,
silencio que escucha,
abrazo que cobija
y palabra que despierta.

Ser maestro es ser
fuego que enciende
latido que anima,
semilla que germina,
y huella que perdura.

Ser maestra es ser
horizonte que se expande,
lluvia que refresca,
refugio que acoge
y luz que ilumina.

Ser maestro es ser
puerta, ventana, puente, faro,
raíz, ala, brújula, chispa,
camino, silencio, abrazo, palabra,
fuego, latido, semilla, huella,
horizonte, lluvia, refugio y luz,

pero, sobre todo,
ser maestra es estar;
estar presente cada día,
creer en quien aprende
y convertir lo invisible en posible.

martes, 26 de agosto de 2025

TPM PARA TPT: TIEMPO PARA MÍ PARA PODER OFRECER UN MEJOR TIEMPO PARA TI


En el inicio de curso solemos llenar la mochila de planificaciones, programaciones, reuniones, evaluaciones iniciales, decenas de tareas que parecen urgentes y prisas, muchas prisas. Queremos dar lo mejor a nuestros alumnos, a las familias, a los compañeros y al colegio entero… Y en ese afán, muchas veces, olvidamos lo esencial: 

Nadie puede cuidar si no se cuida; nadie puede dar si no se da un respiro primero.

Dedicarte tiempo no es un acto de egoísmo, es un acto de responsabilidad. Es el primer paso para poder estar disponible, atento, presente y con energía con quienes más nos necesitan. Un maestro agotado enseña menos, acompaña peor y escucha a medias. Un maestro que se cuida, en cambio, transmite serenidad, inspira confianza, se convierte en un faro para sus alumnos y ofrece la mejor tecnología que ellos necesitan, el mejor PC que podrán tener: Presencia de Calidad.

Porque solo desde tu TPM (Tiempo para mí) podrás ofrecer tu mejor TPT (Tiempo para ti).
 TPM para TPT.

No se trata de buscar grandes huecos imposibles, sino de cultivar pequeños espacios de calma a lo largo de la semana:

* Ese café sin prisa que nos recuerda que el día no es solo correr.

* Ese libro que nos regala otras vidas y nos da palabras nuevas.

* Ese paseo que nos reconcilia con el silencio y el aire limpio.

* Esa conversación con alguien que nos nutre de verdad.

* Ese "esa" o ese "ese" que todos necesitamos, 
que tanto bien nos hace y que a menudo nos olvidamos.

Cuando cargamos nuestra batería interior, cuando nos regalamos tiempo, también regalamos presencia y lo mejor de nosotros mismos a quien nos rodea. Nuestros alumnos no necesitan un maestro perfecto, necesitan al maestro adecuado, un maestro humano, con energía para escuchar, paciencia para acompañar y corazón y cerebro para enseñar.

Este curso, te animo a que te hagas un simple regalo y que, si es necesario, ¡lo agendes!: 

TPM (tiempo para mí).

Es justo ahí, en ese encuentro entre tu bienestar y el de los demás, donde nace la verdadera educación.

lunes, 9 de junio de 2025

DE SESIONES DE “DEVALUACIÓN” A VERDADERAS SESIONES DE EVALUACIÓN: CLAVES PARA QUE SEAN ÚTILES Y TRANSFORMADORAS


Las sesiones de evaluación deberían ser una oportunidad para mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje, para compartir miradas y construir estrategias que acompañen al alumnado. Sin embargo, en muchos centros educativos, estas reuniones acaban convirtiéndose en una sucesión de etiquetas, diagnósticos rápidos y comentarios negativos que no conducen a ninguna mejora real.

La evaluación es mucho más que una calificación, mucho más que dar una opinión. Es un acto profesional, ético y colectivo. Evaluar no es solo ver lo que falta, sino comprender el punto de partida, valorar el progreso y trazar caminos posibles para seguir avanzando; y también valorar aquello en lo que se destaca. Por este motivo, es fundamental transformar estas sesiones en espacios verdaderamente útiles y transformadores.

Estos podrían ser algunos de los errores comunes que podemos cometer en las sesiones de evaluación:

1. Centrar la conversación exclusivamente en las notas:

Cuando todo gira solo en torno a los números, se pierde de vista el proceso. Las notas son un síntoma, no el diagnóstico completo. El rendimiento académico debe analizarse a la luz de múltiples factores: el contexto, la evolución, los intereses, las oportunidades.

2. Repetir comentarios negativos sin análisis ni propuestas:

Expresiones como “no hace nada”, “siempre está despistado” o “no se esfuerza” son frecuentes, pero vacías si no se acompañan de una reflexión sobre el porqué, sobre los motivos. Además, estas frases tienden a etiquetar al alumno y dificultan el diseño de respuestas educativas útiles.

3. Falta de estrategias concretas para la mejora:

Es habitual señalar problemas sin generar acciones. Si no hay una propuesta pedagógica asociada a la observación, la evaluación se convierte en una simple queja.

4. Monopolio de la palabra por parte de unos pocos docentes:

En muchas reuniones, una o dos voces dominan la conversación, mientras que el resto del equipo se limita a asentir o a permanecer callado. Esto empobrece la visión del alumno y reduce las posibilidades de encontrar soluciones conjuntas.

5. Uso de un lenguaje poco profesional y respetuoso:

La forma en que hablamos sobre el alumnado revela nuestra ética profesional. Comentarios despectivos, chismes personales o valoraciones que entran en lo íntimo o en lo familiar sin sustento ni necesidad pedagógica no tienen cabida en un espacio docente. Hablar de los alumnos exige respeto, el mismo respeto que tendríamos si ellos o sus familiares estuvieran presentes. En estas sesiones pregúntate: ¿Permitiría que hablen así de mi hijo, primo o sobrino? Si la respuesta es no, alza la voz, pasa a la acción y busca una solución.


Ahora os propongo cinco ideas clave para transformar las sesiones de evaluación:

1. Convertir las sesiones en espacios de reflexión colectiva:

Proponer dinámicas que permitan abrir la conversación, compartir perspectivas y construir un relato común. Una buena práctica es iniciar la reunión con una ronda de fortalezas, donde cada docente señale una evolución positiva o una cualidad destacable de su grupo o de un alumno concreto.

2. Utilizar rúbricas o criterios comunes de seguimiento:

Diseñar entre todos indicadores observables que guíen la evaluación más allá del rendimiento académico: autonomía, participación, convivencia, expresión oral, esfuerzo, etc. Esto permite objetivar la observación y facilita la comparación de momentos evolutivos.

3. Revisar evidencias de aprendizaje, no solo notas de exámenes:

Llevar a la sesión materiales reales: cuadernos, grabaciones, presentaciones, rúbricas de autoevaluación, etc. Esto permite un análisis más profundo y matizado del proceso. Hay vida y aprendizaje más allá de la PIE (Prueba Individual Escrita) que suele aparecer a partir de 3º de Primaria o de la FSA (Ficha Sin Ayuda) que solemos hacer en cursos como 1º o 2º de Primaria.

4. Proponer acuerdos pedagógicos concretos para cada alumno que consideremos o clase:

No basta con decir “tiene que mejorar”. Hay que formular acuerdos claros: “hablaremos con su familia para reforzar hábitos de estudio”, “le ofreceré una rúbrica simplificada”, “trabajaremos por parejas para mejorar su motivación”, etc.

5. Fomentar la corresponsabilidad y el trabajo en equipo:

Evitemos frases como “eso le toca al tutor” o “en mi asignatura no tengo problema”. La educación es tarea de todos y todos debemos implicarnos en la mejora del alumnado.


Estas son algunas herramientas que nos pueden ayudar en este proceso:

• Tablas colaborativas con observaciones cualitativas:

Antes de la reunión, cada docente puede completar una hoja compartida donde anote fortalezas, dificultades y sugerencias por alumno y/o clase. Esto optimiza el tiempo y da orden a la conversación.

• Protocolos de reflexión docente:

Preguntas como “¿Qué ha cambiado desde la última evaluación?”, “¿Qué funcionó bien con este grupo?” o “¿Qué necesita este alumno para avanzar?” ayudan a estructurar un diálogo productivo.

• Recursos visuales colaborativos (Padlet, Wakelet, Genially...):

Pueden servir para plasmar acuerdos, visualizar compromisos, proponer ideas o construir mapas de intervención pedagógica.


Y no me gustaría terminar este artículo sin decir alto y claro que el lenguaje también educa y que es muy importante el cómo hablamos del alumnado.

Uno de los aspectos más descuidados, pero más importantes en las sesiones de evaluación es el lenguaje que usamos. Frases como “es un caso perdido”, “es problemático”, “no tiene remedio” o “es como su madre” no solo son irrespetuosas, sino que perpetúan prejuicios, desvalorizan la labor docente y pueden tener consecuencias muy negativas si llegan a familias o alumnos.

Bajo mi punto de vista, es esencial que todo el equipo docente:

• Use un lenguaje respetuoso y profesional, centrado en hechos y observaciones pedagógicas.

• Evite etiquetas y generalizaciones que reduzcan al alumno a un único comportamiento.

• No entre en comentarios personales sobre familias o contextos que no estén directamente relacionados con lo educativo.

• Asuma que cada alumno es un sujeto en proceso y que nuestra responsabilidad es acompañar, no juzgar.

Las sesiones de evaluación son un acto pedagógico colectivo. No se llevan a cabo para emitir juicios ni para repartir notas; se llevan a cabo para analizar, comprender, proponer y mejorar. Si cambiamos el lenguaje, si centramos la mirada en el proceso, si priorizamos el respeto y si fomentamos el trabajo en equipo, las reuniones de evaluación pueden convertirse en uno de los momentos más valiosos de nuestra tarea como docentes.

Te animo a que en tu próxima sesión de evaluación:

• Propongas iniciar con una ronda de fortalezas.

• Cuides tu lenguaje: piensa si lo que vas a decir construye o destruye.

• Lleves una propuesta concreta para cada alumno del que hables.

• Pregunta a tus compañeros: “¿Cómo podemos ayudarle juntos?”.

Creo firmemente que una evaluación bien hecha no transforma solo al alumnado, 
también transforma al equipo docente y, en consecuencia, a toda la escuela.

martes, 27 de mayo de 2025

LLENAR MENOS INFORMES Y MÁS CORAZONES



He escrito este post escuchando esta pieza de Ludovico Einaudi. Os recomiendo leerlo con ella de fondo:


Mirar más allá de los papeles,
priorizar a las personas,
llenar menos informes
y más corazones.

Creo que en educación hay una verdad que a menudo olvidamos en medio del ruido de la burocracia: los papeles no sienten, pero las personas sí. En este torbellino de informes, programas, programaciones, actas, sesiones y reuniones, hemos llegado a confundir la finalidad con los medios, cargando nuestras manos (y ordenadores) de hojas y documentos mientras nuestras miradas se alejan de esos rostros; de esos ojos que realmente importan y necesitan ser apreciados.

Educar no es simplemente cumplir con un expediente o con un registro; educar es estar presente y cumplir con quienes realmente debemos cumplir, con nuestros alumnos. Educar es mirarlos no como si fueran un dato, sino como lo que son, un latido único e irrepetible. Deberíamos recordarlo cada vez que el peso de los papeles amenace con encorvarnos y con alejarnos de lo importante de nuestra labor; cada vez que el virus "BERE" (Burocracia Excesiva y Ratio Elevada) nos haga dudar de cuál es el verdadero Norte de nuestra labor. 

Los informes son necesarios, sí, pero nunca deberían ser más grandes que nuestros y sus corazones ni más importantes que las historias de vida que nos cuentan quienes llenan nuestras aulas. 

¿Papeles e informes? Sí, claro, pero los justos e indispensables.

A menudo nos vemos en la tesitura de elegir entre dos pes: Papeles o Personas:

Si quedan 20 actividades sin hacer, tienes eso, 20 actividades sin hacer.

Si quedan 20 papeles sin rellenar, tienes eso, 20 papeles sin rellenar.

Pero… si quedan 20 ojos sin ver, tienes 10 corazones sin atender.

Tú eliges.

Nuestra tarea docente se asemeja a un árbol que florece. Su tronco son las relaciones humanas y esas raíces profundas que conectan con cada alumno, pero últimamente, parece que regamos más las ramas del papeleo que las raíces del vínculo y del afecto. Y como ya dije en otra ocasión en otro post aquí publicado: hasta una planta puede morir de tanta agua que le das si no atiendes lo esencial.

Llenar corazones significa priorizar lo intangible: la mirada llena comprensión, la palabra que alienta, el silencio que escucha... No se trata de huir del trabajo administrativo, se trata simple y llanamente de darle la relevancia que se merece en su justa medida; de priorizar más la pedagogía del corazón que la pedagogía del archivo.

La educación pierde su esencia cuando los verbos "documentar" y "registrar" 
superan a los verbos "acompañar" y "enseñar".

Vivimos en una época de pirotecnia tecnológica, pedagógica y metodológica, que mucho deslumbra, pero que poco alumbra​. Cada innovación, cada nueva ley educativa que tienen a bien regalarnos en cada legislatura parece exigirnos más registros, más evidencias, más justificaciones, más papeleo vacuo. Sin embargo, olvidamos que el aprendizaje no siempre cabe en un gráfico ni se mide en porcentajes y calificaciones. Hay aprendizajes que solo se sienten y que ningún informe podrá capturar. 

Hablando de innovación, yo lo tengo claro: innovar es respetar la diversidad de ritmos de aprendizajes de cada uno de nuestros alumnos; innovar es conseguir o, al menos, intentar que ninguno se quede atrás. ¡Ojo! En educación, la innovación no está en la metodología o en la tecnología (que a veces disfraza de innovación cosas que no lo son), está en nuestra manera de mirar a nuestros alumnos día a día. Innovar no debería ser nunca adornar, saturar o maquillar para que todo siga igual. Y creo que, en estos momentos, muchas de las cosas a las que estamos llamando innovación van en esta línea.

Una buena clase no necesita de mil cacharros y artilugios, necesita eso sí de un docente presente y consciente, capaz de mirar más allá de los estándares y los exámenes​. Enseñar no es un acto distante y mecánico; es un acto profundamente cercano y humano. Por este motivo, toda innovación, todo cambio, toda mejora empieza por ahí, por un docente que está y por un docente conocedor de sus propios actos y de sus consecuencias.

Si nos detenemos un momento, quizás nos demos cuenta de una gran realidad: nuestros alumnos no recordarán los informes que rellenamos, recordarán la forma en que los hicimos sentir y las formas en las que les permitimos aprender. Recordarán al maestro que creyó en ellos, que supo verlos cuando ni ellos mismos lograban hacerlo; recordarán a ese maestro que les ayudó a ser el mejor niño que ese niño podía ser.

Por eso, abogo por un cambio en nuestra forma de enseñar y de evaluar, una pedagogía que priorice el aprendizaje real sobre el cumplimiento formal​. Una pedagogía que valore más el esfuerzo y la evolución que la memorización instantánea para vomitarla en un examen. Una pedagogía que nos permita dedicar más tiempo a llenar vidas de sentido que a llenar carpetas con archivos

Cambiemos nuestra perspectiva; 
que la evaluación sea un puente, no una barrera; 
que el currículo sea un mapa, no una prisión; 
que nuestra labor sea siempre sinónimo de esperanza 
para nuestros alumnos y para la sociedad.

Miremos más allá de los papeles. Demos prioridad a las personas y como he dicho al principio, llenemos menos informes y más corazones.