sábado, 17 de septiembre de 2016

LOS MAESTROS SOMOS JARDINEROS, VEMOS Y CUIDAMOS FLORES

Esta frase del gran pintor francés Henri Matisse es una invitación al optimismo: 
"Siempre hay flores para aquellos que quieran verlas". 

Es importante que los maestros nos convirtamos en jardineros optimistas capaces de ver esas flores y cuidarlas.

Tenemos que tener muy presente que nuestra actitud causa un gran efecto en nuestra vida personal y en la vida de nuestros alumnos.  Sé que en educación, que en cada centro educativo existen y existirán siempre problemas y dificultades. Pero también sé que ante la adversidad tenemos la opción de relativizar y afrontar la situación con optimismo, ya que de esta manera podremos descubrir los rasgos más positivos de las personas y de las circunstancias.

No es nada fácil afrontar de esta manera las adversidades. Solemos anticipar o profetizar cosas que con gran probabilidad nunca van a pasar. Vemos problemas en las oportunidades y no oportunidades en los problemas (que también las hay). Nos quejamos del viento no esperado, en vez de ajustar las velas y navegar fuera de nuestra zona de confort. Nos dejamos enjaular con los problemas y críticas de los demás, aumentando de esta manera nuestros problemas y dándonos a la crítica destructiva, al chismorreo fácil y a la rumiación tóxica. 

Pero se puede, se puede ser optimisma y empezar a buscar esas flores a nuestro alrededor. 

¿Dónde y cómo podemos verlas?
* En los compañeros: poniendo más energía en aquellos que quieran enriquecer nuestra existencia  y la de los alumnos. Y dejando ir a aquellos que solo nos traen críticas y quejas sin fundamento. (Bienvenidas sean las críticas con fundamento, aquellas que nos hacer ver que nuestro punto de vista puede estar incompleto o equivocado, aquellas que nos ayudan a mejorar y que nos permiten seguir aprendiendo). 
* En cada rincón de tu centro educativo: estando atentos a todo lo bueno que en algún lugar y momento nos espera en nuestro día a día.
Dentro de cada uno: creyendo en nosotros todo será más fácil. Colguemos las excusas y enfoquémonos en lo positivo.
En nuestros alumnos: recuperando los ojos de la infancia para empatizar y para disfrutar de la magia que hay dentro de ellos.

Si conseguimos ser optimistas nos implicaremos con nuestros alumnos, compañeros y con nuestro colegio o instituto. Si no lo conseguimos, simplemente participaremos con ellos. Y existe una gran diferencia entre estos dos verbos. Gracias a esta ingeniosa frase de Juan Gómez-Jurado lo podemos comprender mejor: 

"Hay una gran diferencia entre participar e implicarse. En un plato de huevos fritos con chorizo, la gallina participa y el cerdo se implica". 

Suena raro, pero en educación tenemos que elegir entre ser gallinas o cerdos (dejando claro que la implicación de la que hablamos no nos debe llevar a dejar la vida en el intento como hace el pobre cerdo en este caso). ¿Tú qué eliges? También tenemos que elegir entre construir o criticar, entre amar lo que hacemos o seguir la ley del mínimo esfuerzo, entre propulsar o frenar, entre ver flores o nubarrones...
¿Cómo implicarse?
* Implicarse alejándose de los excesos tan comunes hoy en educación y que solo hacen que manifestar carencias.
* Implicarse alejándose de esta pirotecnia educativa que llena las clases de mil actividades y de demasiados estímulos.
* Implicarse utilizando una de las mejores pedagogías que siempre ha existido: estar, un "estar a pelo", basado en la sencillez y en el disfrute del momento compartido.

¡Os invito a no vivir las preocupaciones cuando no toca vivirlas y a cuidar todas las flores que encontréis a vuestro alrededor!

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